LYRIC
Tenía que ser una broma. O al menos, no podía ser lo que me estaba imaginando. La mirada de mi padre se tornó más seria mientras se acercaba a mí.
—Pensé en ofrecerle a Nora, pero ella ya está con alguien más, y el Rey Alfa se pondría furioso si cree que intentamos darle a la loba de otro. Por eso eres nuestra única opción, Lyric. Y… no tienes idea de lo perfecto que es que ya no estés… así. Al principio me preocupaba que el Rey Alfa no te aceptara, pero ahora estoy seguro de que le va a encantar.
Resoplé con desprecio, poniendo una mano en mi muslo.
—A ver, espera. No me digas que me hiciste venir desde Draconis solo para decirme que me van a sacrificar a un demonio.
Para ningún lobo era desconocido el nombre Darkspire. Incluso yo, que sabía poco sobre los asuntos de la manada, era consciente de lo peligrosos que eran. Nadie quería tener nada que ver con ellos, ni en esta vida ni en la siguiente.
—El Alfa Jaris no es un demonio —dijo mi padre, sorprendido.
—Claro que lo es. Hace años, tú decías lo mismo.
El Alfa Jaris Dreadmoor era el hombre más despiadado del que había oído hablar. Las historias sobre cómo había conquistado a sus enemigos, y a veces, a sus amigos, no eran ninguna novedad en la manada.
Proveniente de una familia que solo producía los Alfas más fuertes, actualmente era el Rey Alfa de Darkspire, un tipo al que todos temían y con quien nadie quería meterse. No sabía cómo era.
Nunca había tenido el privilegio de conocer a alguien como Jaris Dreadmoor, aunque tampoco es que quisiera.
Levanté una mano.
—¡Dicen que mató a su padre y a su hermano! ¿Cómo esperas que esté con alguien así?
—Son solo rumores, Lyric. Además, solo vas a estar con él un año.
—No necesitas un año para matar a alguien, papá. Con un minuto basta y sobra. Pero para alguien como Jaris, seguro que con medio minuto es suficiente. Además, ¿por qué tiene que ser un año?
Por lo que había oído, Darkspire no tenía una Luna desde que Jaris tomó el poder. Pero si quería tomar una, ¿no sería algo a largo plazo? ¿Por qué pedía solo un año?
—La verdad, no sé.
—Y no te importa —lo interrumpí, mientras sentía dolor en el corazón—. Lo único que te importa es darle una Luna para quitarte el problema de encima. No te importa el problema en el que me estás metiendo.
El asombro cruzó su cara por una fracción de segundo. La Lyric que él conocía nunca le habría discutido. Habría aceptado dócilmente cualquier cosa que él quisiera.
Pero digamos que empecé a valorar lo que valgo cuando me di cuenta de lo guapa que era. Esta Lyric estaba harta de ser un títere de los demás.
Mi padre se acercó y me tomó la mano. Se veía tan afligido que temí que se fuera a arrodillar.
—Por favor.
Apretó mi mano.
—Es lo último que te pido como tu padre. Solo haz esto por mí, solo por un año. Y te prometo que me harás el padre más feliz del mundo.
***
Horas después, estaba de pie en mi cuarto, o lo que solía ser mi cuarto, mirando mi reflejo en el espejo. Llevaba puesto un vestido rojo largo y el cabello me caía sobre el hombro. Estaba lista para conocer al Alfa Jaris, aunque preferiría no hacerlo.
Algo no encajaba. Que quisiera una Luna solo por un año... no estaba bien. Pero mi padre casi se había arrodillado para suplicarme. No podía decepcionarlo. Además, antes de emparejarse con su segunda esposa, hubo momentos en los que había sido bueno conmigo.
Intenté resistir la tentación mientras miraba el cajón frente a mí. Pero fracasé rotundamente; aun así, lo abrí y saqué la ecografía. Sentí que el corazón se me hacía pedazos y las viejas heridas volvían a abrirse.
Era la única imagen en el mundo que tenía el poder de matarme cada vez que la miraba, pero para mí era como una droga. Era adicta y apenas podía pasar una hora sin tocarla. Sin sentirla.
Una lágrima se deslizó por mi mejilla mientras pasaba el dedo por las imágenes que delineaban las formas de los bebés que no habían nacido en el vientre.
Cinco años, y seguía siendo lo mejor que me había pasado. Y también lo peor. Pero prefería aferrarme a que había sido lo mejor.
Me dolía muchísimo mirarlas, pero no podía parar.
El sonido de alguien intentando abrir la puerta interrumpió mis pensamientos. Volví a la realidad y escondí la foto rápidamente. Me había asegurado de cerrar la puerta con llave hacía un rato; no quería que nadie me viera con la foto.
Al abrir la puerta, me encontré con Nora, echando chispas.
—¿Cómo te quitaste la cicatriz?
Su voz sonó indignada.
—¿Y cuál es tu plan, exactamente? Quieres que todos vean lo guapa que estás, ¿no?
Puse los ojos en blanco, y mi dolor de antes se disipó por un momento.
—Por favor, no me digas que viniste a tocar solo para quejarte de lo bien que me veo. ¿Qué? ¿En serio pensaste que me iba a ver horrible para siempre?
Su mirada se volvió aún más hostil.
—Pues para que sepas, esto no va a cambiar nada entre tú y Roderick. Pronto estará aquí, van a ir al templo y van a terminar lo suyo.
Entonces entendí. Ay, no. Parpadeé.
—Espera. ¿Tú y Roderick?
Sonrió triunfalmente.
—Hace años, lo nuestro no funcionó. Pero ahora, está listo para elegirme.
Vaya, Roderick era más desgraciado de lo que pensaba.
Chasqueé la lengua.
—Uf, qué decepción, Nora. ¿Usando mis sobras? Y tú que siempre te has creído la bonita… esperaba más de ti.
Mostró su enfado arrugando la frente. Quiso decir algo, pero la interrumpí.
—No te preocupes. Ya superé a Roderick y muero de ganas de terminar con él para siempre.
Le cerré la puerta en la cara.
***
Un rato después, mi padre y yo llegamos a Darkspire en uno de sus carros de lujo. La manada, conocida por ser la más grande y rica, era tan hermosa como decían.
Quedé deslumbrada por la vista y por un momento no pude creer que yo sería la Luna de este lugar. Al bajar del auto, unas sirvientas nos guiaron a mi padre y a mí al interior de uno de los edificios, mientras sus guardias se quedaron afuera.
La Gran Luna, la madre de Jaris, estaba en la espaciosa sala para recibirnos.
—¡Qué bueno que pudieron llegar! —dijo la Luna, con una mirada que mostraba poco entusiasmo.
Incliné la cabeza.
—Un placer, Luna.
Me miró con sorpresa.
—¿Esta es tu hija? —le preguntó a mi padre—. ¡Vaya, por Seraphis, es preciosa!
No pude evitar sonreír. Luna Isolde, en sus tiempos, fue una Luna formidable. Había gobernado junto a su difunto esposo con mano de hierro, destruyendo a cualquiera que se atreviera a cruzarse en su camino. Siempre había deseado conocerla.
—Por favor, siéntense mientras esperamos al Alfa Jaris. No tarda en venir —nos indicó que nos sentáramos en el sofá.
Su “no tarda” resultó ser casi una hora después. Mi padre y yo ya estábamos agotados y no dejábamos de mirar hacia la puerta, preguntándonos cuánto más tardaría en llegar el Alfa. ¿No sabía que tenía invitados? ¿Su... nueva Luna?
En un momento, Isolde pareció molestarse y se fue. Cuando regresó, nos aseguró que ya no tardaba. Y en efecto, llegó.
El ambiente en la habitación cambió en el segundo en que se abrió la puerta, revelando a un sujeto con otros dos detrás de él. La Luna suspiró con alivio mientras se ponía de pie. Mi padre y yo hicimos lo mismo.
Fue fácil distinguir quién era el Alfa, pues los otros dos sujetos lo flanqueaban. Pero en el momento en que pude verle bien la cara, mi mundo se hizo añicos.
No. No.
El horror me oprimió el pecho con tanta fuerza que me dolió. Tenía que ser una broma macabra. Porque, por Selene, ¿cómo era posible que estuviera mirando al mismo sujeto que me había arruinado la vida cinco años atrás?