LYRIC
Sus palabras me dejaron aturdida, sin saber qué decir por un momento.
—Perdón, ¿qué dijiste?
Mi cara debió ser un poema de pura confusión.
—Ya me escuchaste. Lamento mucho todo lo que pasó, en serio. Pero estoy dispuesto a cambiar. Ya sabes cómo soy, ahora tengo poder. Puedo cuidarte muy bien. Todo va a ser mejor que antes.
Lo más inquietante era la seguridad con la que hablaba, como si esperara que yo fuera a correr a sus brazos solo por sus palabras bonitas. Como si yo no supiera lo podrido que tenía el corazón.
Me acerqué de nuevo a él.
—Si crees que voy a volver contigo, estás más loco de lo que imaginaba. Ya no quiero nada contigo, se acabó. Ahora vámonos al templo a terminar esto de una buena vez.
No podía creer que ahora fuera yo la que le insistía a Roderick para ir al templo. El muy imbécil llevaba meses fastidiándome para que volviera y termináramos el proceso. ¿Y ahora se atrevía a salir con estas estupideces?
—Pues lo siento.
Se encogió de hombros con indiferencia.
—V