La tarde había caído, pero la habitación de Dina estaba oscurecida por las cortinas. La pequeña se encontraba acurrucada bajo la manta, su rostro sonrojado por la fiebre. Lauren la observaba desde la silla al lado de la cama, preocupada.
—Mamá, ¿por qué me duele la cabeza? —preguntó Dina con una voz débil, sus ojos grandes y cansados.
—No lo sé cariño, mi amor. Te prometo que pronto te sentirás mejor —susurró, acariciando suavemente la frente de su hija.
El sonido de la puerta abriéndose in