—¿No lo viste vos misma, verdad? —susurró Nadine, con una sonrisa que destilaba maldad pura—. Me encantaría recordarte cómo se veía la abuela al final. Tan orgullosa toda su vida, pero terminó siendo solo una vieja perra con la boca abierta, ahogándose, buscando aire. Fue divertidísimo verla así...
—¡Nadine! —el grito de Lucía desgarró el aire. Sus ojos se inyectaron en sangre.
¿Cómo se atrevía a profanar la memoria de la mujer que le dio todo? Lucía levantó la mano, lista para cruzarle la cara