Mundo ficciónIniciar sesiónEl día que todo cambió (continuación)
—¿Qué mierda, Sean? ¿Qué me estás diciendo?
Mi voz sale rota, grave, casi irreconocible. Siento una presión en el pecho, como si me hubieran golpeado con una losa directa al esternón. La mandíbula se me tensa, y los dientes crujen entre sí por la fuerza con la que cierro la boca. Mis ojos se clavan en él con incredulidad, buscando un







