La oscuridad tecnológica del ático no solo había apagado las pantallas; había agudizado los sentidos de sus habitantes hasta un punto doloroso. En esa penumbra anaranjada de las luces de emergencia, cada crujido de la estructura del edificio parecía el avance de un ejército. Sofía se miraba en el espejo del vestidor, ajustándose un collar de perlas negras que parecía una soga elegante.
Lady Vane la había invitado a una función privada en el Metropolitan Opera House. No era una sugerencia; era u