*—Uriel:
Uriel sollozaba bajo, pero ya no con culpa: era alivio puro. Por fin decía en voz alta lo que llevaba años arrastrando como un peso muerto en el pecho.
—Gracias —susurró en su oído con voz rota—. Gracias por ser mi amigo. Por aguantarme. Por quedarte… incluso cuando no debía pedirte eso.
Cameron dejó escapar una risa ronca y algo triste. Le miró con su mirada oscura y húmeda de emoción, y con cuidado le acunó la mejilla entre sus dedos grandes y cálidos.
—Estuve a tu lado por añ