Javier tenía una estúpida sonrisa de burla en su rostro; el idiota se sentía orgulloso de ver furiosa a Mia y eso me dejó claro que a mi hermano le encantaba humillarla. Sus ojos me dejaban claro que disfrutaba el hecho de que la mujer que llamó prometida se esté muriendo de amor por él, pero no dejaría pasar eso. —Abuelo, si deseas que nos quedemos aquí, tengo varias condiciones.
—Estoy dispuesto a colaborar en lo que desees, Iván.
—Primero, necesito ampliar la habitación, ya que mi novia neces