Después del beso quedé en absoluto silencio y no es para menos; me dejé llevar a tal punto de gemir y ahora estaba sumamente avergonzada. Por Dios, había hecho eso delante del abuelo, de mi falso prometido y de mi novio.
—Ella estaba en silencio, cosa que agradecí. Llegamos al estacionamiento y le abrí la puerta mientras ella me miraba impresionada. No me extrañó su actuar porque, por lo visto, sale con idiotas que ni siquiera le abren la puerta del coche. Me coloco mis gafas de sol, subí y colo