COSTELLO
Algo me agarró del codo. No estaba acostumbrado a ese contacto; por reflejo casi empujo a Scotch. ¿Por qué me sostenía? ¿Por consuelo o porque pensaba que la dejaría atrás?
Al patear la puerta del callejón, salí al aire fresco de la noche. Me cortó los pulmones y despejó mi cabeza. Señalé el contenedor de basura.
—El Bucket, ahí dentro.
Ella lo lanzó, camisa incluida, en la gran caja oxidada. Mi Corvette plateado esperaba en las sombras.
—Entra al coche —resoplé, acomodándome en el asi