SAMIRA
—¿A dónde me llevas? —mi voz se elevó mientras tiraba frenéticamente del puño imposible que era el de Maverick. Me arrastraba con facilidad por la mansión, con Fran y Caine siguiéndonos de cerca.
—¡Papá! —gritó Francesca, corriendo a mi lado—. ¡Suéltala! ¡Esto es una locura! ¡Papá!
El hombre-árbol ni siquiera la miró.
Mis tacones se clavaron; resbalé, casi cayendo, pero Maverick me enderezó sin perder ni un paso.
—¡Oye! Ja, ja, ¡hablemos de esto como gente normal, sin arrastrar chicas po