Seraphina se despertó con la suave luz del sol filtrándose a través de las cortinas traslúcidas y el apacible sonido de las olas en el exterior. Estaba enredada entre Lilith y Aurora, con sus cuerpos cálidos y desnudos presionados contra el suyo. Sentía su coño todavía sensible y lubricado por los interminables orgasmos de la noche anterior.
Los ojos oscuros de Lilith ya estaban abiertos, observándola con una mirada depredadora pero afectuosa.
—Buenos días, nuestra hermosa y nueva adicción —sus