Seraphina aún intentaba recuperar el aliento cuando Lilith y Aurora intercambiaron una mirada ardiente y cómplice por encima de ella.
—No hemos terminado contigo, ni de cerca —ronroneó Lilith, con una voz baja y cargada de promesas.
Con delicadeza, giraron a Seraphina para ponerla boca abajo. Aurora se sentó a horcajadas sobre sus caderas desde atrás, presionando su coño mojado contra la curva de las nalgas de Seraphina mientras se inclinaba para besarle la nuca. Lilith se colocó frente a ella,