La noche final se sentía como el fin de todo lo que Jax había sido antes.
Entró al calabozo de Marcus sin llevar ya el desafío como armadura. Su cuerpo ya conocía a su Amo: dolorido, marcado y hambriento. Cuando Marcus lo miró, Jax cayó de rodillas sin que se lo dijeran, con la frente apoyada en el suelo y el culo bien levantado en una presentación perfecta.
La voz de Marcus fue baja y áspera de aprobación. —Buen chico.
Ató a Jax con un cuidado exquisito y despiadado: los brazos asegurados detr