El sol se había ocultado, tiñendo el cielo de intensos tonos naranjas y violetas, pero el fuego entre las tres mujeres solo ardía con más fuerza.
Seraphina estaba de pie en el centro de la habitación, con las muñecas atadas por encima de la cabeza con suaves cuerdas de seda negra sujetas a un gancho en el techo. La postura estiraba su cuerpo de forma hermosa: los pechos empujados hacia el frente y las piernas ligeramente abiertas. Estaba completamente a su merced.
Lilith la rodeó lentamente, co