Hellen narrando
Salí del baño con el corazón acelerado, los ojos aún ardiendo por el llanto, pero con la postura firme. Necesitaba ir a la dirección, necesitaba registrar el acoso de Marco antes de que él distorsionara todo y me convirtiera en la villana de la historia. Mi bebé no merecía una madre cobarde, y yo no iba a acobardarme.
Caminaba por el pasillo, sintiendo las miradas pesadas sobre mí. Algunas eran de desprecio, otras de curiosidad morbosa. Era como caminar en un tribunal donde todo