(Narrado por Sergio) Ella negó con la cabeza, y por fin las lágrimas escaparon, mezclándose con el maquillaje. —Olvídalo, Sergio. Por favor, solo llévame a casa. A ese maldito mausoleo. Solo quiero estar en paz. Sin opción, y con el corazón pesado por una preocupación que yo mesmo no comprendía del todo, la llevé a su apartamento. El trayecto fue silencioso, tenso. Al llegar, salió del coche antes de que yo pudiera apagar el motor y cruzó los brazos, haciendo birra como una niña agotada. —¿Qué es lo que realmente quieres, Hellen? —pregunté, saliendo del coche y acercándome. Ella no respondió. Solo empezó a llorar otra vez, dándome la espalda bajo la llovizna fina que comenzaba a caer. —Hellen —la llamé, mi voz más suave. Ella no se giró. La lluvia empapaba su cabello y sus hombros desnudos. Caminé hasta ella y puse una mano en su hombro, con delicadeza. Ella estremeció bajo mi toque, pero no se apartó. Poco a poco, se volvió hacia mí, su rostro un mapa de lágrimas y lluvia.
Leer más