(Narrado por Hellen) Ya estaba llegando al hospital y, mientras salía de mi coche sencillo —agradeciendo mentalmente al mecánico por haber hecho un buen trabajo—, encontré a la loca de Anya esperándome. Ella había llegado más temprano de lo normal; al fin y al cabo, todo indicaba que el señor Salvatore tendría una reunión con el equipo antes de que empezara el turno. Alguien había ayudado con una buena suma para reformar el ala de oncología pediátrica, y ella estaba eufórica. Aunque yo sabía que, durante la reforma, muchas alas quedarían parcialmente desactivadas. Cosas de obra. —¡Buenos días, mi amiga linda! —¡Buenos días, mi linda y loca amiga! —dije, sonriendo y abrazándola. Extrañaba verla en persona. Trabajábamos en el mismo hospital, pero como estábamos en alas diferentes, casi no teníamos tiempo de vernos, ni siquiera a la hora de salida, ya que nuestros turnos muchas veces terminaban en horarios distintos. Ella enseguida sonrió, con esos ojos azules llenos de picardía, c
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