El agua recorre mi cuerpo desde algún punto de la ducha, mientras mantengo los ojos cerrados, disfrutando de cada una de las sensaciones que me invaden todo el cuerpo y acrecientan el intenso calor que late entre mis piernas con gran desesperación.
Un nuevo gemido se me escapa, uno más sonoro que el anterior, y me arqueo todo lo que puedo para sentir el roce de su lengua con mayor intensidad.
Estoy pegada al cristal de la ducha, con la cara y las manos contra el vidrio y el culo en pompa, entre