Nadie daba la bienvenida a su presencia, todos querían que se fuera. Valentina encontró la situación irónicamente divertida mientras su fría mirada recorría el rostro de todos. Con firmeza, liberó su brazo del agarre de Mateo y esbozó una leve sonrisa: —Bien, me iré.
"Recuerden que ustedes me echaron", pensó mientras se daba la vuelta para marcharse. Sin embargo, regresó casi de inmediato y, mientras acomodaba un mechón de cabello detrás de su oreja, preguntó: —Señor Figueroa, ¿sabe a qué vine