Pero Nicolás no se la entregó, sino que con delicadeza le quitó la piel de la uva, luego acercó la pulpa a sus labios.
—Abre la boca.
Él mismo se encargó de alimentarla.
Daniela se quedó sorprendida, pero después abrió la boca y se la comió.
Nicolás le preguntó:
—¿Está sabrosa?
Daniela asintió con la cabeza.
—Está un poco ácida, pero deliciosa.
Nicolás peló otra uva.
Los jóvenes adinerados presentes observaban la escena y no pudieron evitar bromear.
—Señor Duque, vinimos al bar a divertirnos, pe