Nicolás sonrió: —No hay prisa.
Daniela se sorprendió. ¿Qué quería decir con que no había prisa?
Daniela miró el camino afuera. Este definitivamente no era el camino a su casa. Hoy él la había llevado consigo por la fuerza, controlando el volante, y ahora que ya era de noche aún no la dejaba ir a casa.
Daniela: —Señor Duque, ¿a dónde me lleva otra vez? Quiero ir a casa.
Nicolás volteó y la miró con diversión: —¿Por qué tanta prisa? ¿Tienes miedo de que te devore?
Daniela: —Está bromeando. Un caba