Le dirigió una mirada feroz.
Nicolás extendió la mano y le pellizcó la pequeña nariz: —¿Tienes hambre?
Daniela le apartó la mano y respondió honestamente: —Tengo hambre.
Nicolás: —Entonces voy a cocinarte.
Nicolás apartó las sábanas, se bajó de la cama y comenzó a vestirse.
Daniela no se atrevía a mirarlo, pero tener a un galán de primera clase vistiéndose frente a ella... no mirar sería desperdiciar la oportunidad, y mirar era bueno para los ojos.
Daniela lo miró disimuladamente. Vio que Nicolá