Las manos de Nicolás, colgando a sus costados, se cerraron en puños. Se acercó a grandes zancadas directamente a la mesa de Daniela y Mauro.
—¡Ella no come eso! —exclamó.
Al escuchar esa voz familiar, Daniela levantó la mirada sorprendida.
—Nicolás, ¿qué haces aquí?
Nicolás agarró el delgado brazo de Daniela, levantándola de la silla.
—¡Ven conmigo!
Quería llevársela.
Mauro intervino.
—Señor Duque, ¿se la lleva así sin más? ¡Hoy Daniela está comiendo conmigo!
Nicolás miró a Mauro con una mirada