En ese momento, Nicolás intervino:
—Fidel, ¡no hagas ese tipo de bromas!
Jessica se quedó inmóvil.
—Agradezco mucho a Jessica por cuidarme estos tres años —continuó Nicolás con disgusto—, pero ella y yo solo somos amigos, y entre amigos no se hacen esas bromas.
El rubor en el rostro de Jessica desapareció instantáneamente, volviéndose pálido. Nicolás nunca le había dado esperanzas; ella sabía que él no la quería.
Pero Jessica no se rendiría. Un hombre tan bueno como Nicolás era alguien que debía