Daniela bailaba alegremente con Diana cuando Mauro agarró su delgado brazo.
—¡Daniela!
Interrumpida en su momento de alegría, Daniela se giró y lo vio.
—¿Mauro?
Intentó retirar su brazo.
—¡Suéltame!
Mauro la miró con desagrado.
—¿Quién te dio permiso para venir a bailar aquí?
—¡No es asunto tuyo que yo venga a bailar! —respondió Daniela.
No quería ningún contacto físico con Mauro. Se liberó de su agarre con un tirón fuerte.
Mauro sonrió con frialdad.
—¿No te gusta bailar? Vamos, bailaré contigo.