—¡Bájate de ahí!
Mariana agarró el cabello de la conejita y la arrastró bruscamente de las piernas de Mauro.
—¡Ay! —gritó la conejita, cayendo al suelo.
Pero la conejita no era ninguna indefensa. Levantó la mirada furiosa hacia Mariana.
—¡Te atreviste a pegarme! ¿Crees que soy fácil de intimidar?
La conejita se levantó y se abalanzó sobre Mariana, clavando sus largas uñas en la cara de Mariana y dejando un rasguño sangriento.
—¡Ah, mi cara! ¡Maldita zorra, te atreviste a arruinar mi rostro! ¡Te