Héctor y Nadia se acercaron. Sentían frustración por su hija.
—Luciana.
Luciana los miró con reproche.
—¡No me llamen!
Estas palabras instantáneamente congelaron el ambiente.
Daniela se acercó.
—Señorita Celemín, hoy es un día de celebración. Controla un poco tu temperamento.
Luciana resopló con desdén.
—¿Qué clase de celebración es esta? ¿Mis padres adoptando a Valentina? ¿Una persona más con quien tengo que compartir el amor de mis padres?
Su mirada se posó en los rostros de Héctor y Nadia.
—¿