Gonzalo sonrió con fingida humildad: —Señor Figueroa, es un placer. No imaginé que Valentina se casaría con un hombre tan apuesto. Me alegra verlos tan enamorados, así me quedo más tranquilo. Me retiro, no quiero molestarlos.
Dolores lo detuvo: —Quédate a cenar. Ya que es raro que vengas. Así que, he pedido que preparen la cena. Esta noche cenaremos en familia.
Mateo miró a Gonzalo: —Sí, acompáñanos a cenar.
Ambos insistían en que se quedara.
Así que, sonrió: —En ese caso, sería descortés rechaz