—Usted es demasiado generoso —reflexionó Gonzalo antes de agregar—: Déjelo así, señor Figueroa.
—¿Serán suficientes cien mil dólares? —preguntó Mateo.
¿Cien mil? Sus ojos brillaron, no esperaba que le fuera a dar tal cantidad con tanta facilidad.
—Es suficiente —respondió.
Sacó un cheque y se lo entregó.
Después de contar los ceros, Gonzalo confirmó que efectivamente eran cien mil. —Gracias, señor Figueroa, me retiro.
Y se marchó felizmente con el cheque en la mano.
[...]
En la habitación, Valen