Valentina intentó levantarse.
Pero Mateo dio unos pasos hacia atrás, aprisionándola. Su cintura quedó directamente contra el lavamanos, atrapada entre el mueble y el cuerpo de Mateo.
Valentina pestañeó, temblando. — Señor Figueroa, ¿qué hace? ¡Suélteme!
Intentó empujarlo con ambas manos contra su fornido pecho.
Pero Mateo la rodeó con sus brazos, pegándola a su cuerpo. A través de la delgada tela, sus cuerpos se tocaban íntimamente. En voz ronca, dijo: — Valentina, ¡ni se mueva!
Valentina se que