Mateo miró el teléfono. Era un número desconocido.
— Presidente, nunca había visto este número antes. ¿Quién lo estará llamando? —preguntó Fernando.
Mateo frunció el ceño. Tampoco lo sabía. Tomó el teléfono y contestó.
Pronto, una voz familiar y clara sonó desde el otro lado.
— Hola, señor Figueroa. Soy yo, Valentina.
¡¿Valentina?!
Mateo se quedó atónito. Jamás hubiera imaginado que Valentina lo llamaría por iniciativa propia.
Durante estos tres años, Valentina había cambiado su número de teléfo