Mateo puso su mano sobre el hombro de Valentina.
— Entiendo, Valentina...
— No, no entiendes. Mateo, ¡siento que no estás ayudándome de verdad!
Mateo frunció el ceño.
— Valentina, ¿por qué desconfías de mí? ¿Es porque Sofía no es mi hija? Me subestimas. No voy a abandonarla a su suerte solo porque no sea mi hija. También quiero mucho a Sofía.
Valentina se dio cuenta de que estaba reaccionando por la ansiedad. El secuestro de Sofía la había hecho perder la compostura.
¿Cómo podía dudar de Mateo c