Mateo la había visto muchos años atrás.
Luciana no podía creerlo, no quería creerlo. Exclamó: —¡No, esto no es verdad! Valentina, ¿me estás engañando, verdad?
Valentina miró a Luciana y dijo con ironía: —Señorita Celemín, ahora eres la hija del hombre más rico, así que deberías cuidar tu comportamiento y modales. ¿No crees que te estás mostrando demasiado amargada y mezquina?
Luciana se quedó paralizada.
Las miradas de los presentes se posaron en Luciana, comentando en voz baja: —¿Tendrá la seño