Luciana y Catalina ya estaban soñando con el futuro.
Luciana sonreía radiante.
—¡Qué maravilla! Ahora solo estoy esperando el día en que Valentina me opere.
Mateo permanecía solo en el pasillo. No se marchó de inmediato, sino que se quedó allí, de pie.
La tenue luz del corredor del hospital se derramaba sobre sus hombros, envolviéndolo en una suave sombra.
En ese momento, Fernando se acercó.
—Presidente, ¿regresamos esta noche a la empresa o a Monte Mágico?
Mateo apenas movió sus finos labios.
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