Catalina intervino:
—Señor Figueroa, cuando Luciana no se encuentra bien del corazón, se vuelve muy apegada. Quédese con ella, por favor.
Mateo apretó los labios. Por alguna razón, su inquietud y ansiedad habían aumentado desde que llegaron al hospital.
Esta sensación se hacía cada vez más intensa.
Quiso tomar su teléfono, pero su bolsillo estaba vacío. De repente recordó que lo había olvidado cuando llevó a Luciana al hospital.
No llevaba su teléfono consigo.
Mateo miró a Luciana y dijo suaveme