¡Dolores y Esteban finalmente habían llegado!
Daniela lloró de alegría. Nadie sabía lo que acababan de vivir. Si hubieran tardado un segundo más, el bebé en el vientre de Valentina habría desaparecido. De solo pensarlo, Daniela sentía temor y sus piernas flaqueaban.
—¡Dolores! ¡Papá!
Dolores entró inmediatamente al quirófano. Miró a Valentina y tomó su mano con emoción:
—Valentina, soy tu abuela. ¡La abuela está aquí!
El rostro de Valentina estaba tan pálido como una hoja de papel, sin color alg