De hecho, ella ya había adivinado que Luciana fue la persona que envió la foto desde antes, en la mansión.
Y en la habitación del hospital, había guiado hábilmente la conversación para que Luciana confesara la verdad mientras Mateo escuchaba.
Mateo colgó el teléfono y elevó la mirada.
—Señor Figueroa, lamento decepcionarlo, pero parece que hubo una equivocación, como pudo darse cuenta: la foto no la envié yo, sino Luciana —comentó ella, con una sonrisa irónica.
Mateo frunció el entrecejo, sin r