Sus miradas se encontraron.
—Yo no le envié esa foto a la abuela. No voy a disculparme por algo que no hice —explicó.
—¡Qué audacia! Incluso ahora sigue mintiendo, ¡sin ningún remordimiento! —Luciana tiró un poco más fuerte de su ropa.
—¡Discúlpate ahora! —ordenó.
Sintió como los ojos se humedecían, pero mantuvo la espalda recta y respondió con firmeza:
—Te lo repito: no lo hice y no me disculparé.
—Tu mejor amiga, Camila, trabaja en una revista, ¿verdad?—La mirada fría de Mateo la hizo estremec