Al oír eso, Daniela dejó de forcejear y se sentó obedientemente en el asiento del copiloto del Ferrari.
Mauro se sentó al volante, con el rostro sombrío. —Daniela, ¿tienes tanta curiosidad por Diego?— No había querido subir al auto antes, pero ahora sí, todo por Diego.
Daniela levantó la vista hacia Mauro. —Mauro, ¿sabes que te comportas de forma extraña?
Mauro se quedó sorprendido.
—Ya te dejé en paz con Mariana. Ahora tu novia es Mariana, tiene buen cuerpo, es bailarina… te gusta ese tipo, ¿ve