A pesar de llevar más de tres años casados, esta era la primera vez que Mateo compartía habitación con Valentina, o con cualquier otra mujer, de hecho. Le resultaba curiosa toda su rutina nocturna.
Cuando notó su mirada, volteó a verlo.
—¿Qué tanto miras? ¿Nunca has visto una mujer hermosa? —le espetó al notar que no apartaba la vista.
—Deberías usar tu tiempo para leer y superarte —respondió él—. Por muy guapa que seas, seguirás siendo solo un trofeo.
"Trofeo", pensó ella con amargura. Ya vería