Mateo salió de la ducha vestido en un pijama de seda negra. Su cabello corto aún goteaba, y el frescor del baño le daba un aspecto más juvenil y seductor, diferente a su habitual imagen de ejecutivo formal.
No pudo evitar mirarlo varias veces, era innegable que era un hombre tremendamente atractivo.
Entonces, el teléfono de Mateo interrumpió el silencio.
—Señor, la doctora Milagro ha confirmado la reunión para mañana en el hospital —informó Fernando.
—La última vez desapareció sin más, como si f