En ese momento, todas las miradas de la fiesta de cumpleaños estaban clavadas en Sara. Sería mentira decir que no estaba nerviosa; en su cabeza solo pensaba en cómo hacer que Luis, sin darse cuenta, dijera algo que la favoreciera.
Pero Luis, de repente, soltó una risa suave y baja, su voz grave y profunda dejando entrever un toque de ternura.
—Lo sé.
Dijo que sabía que era ella.
Las largas pestañas de Sara temblaron, y de pronto sintió un calor extraño subiéndole al rostro.
Todos los presentes e