Valentina habló con seriedad:
— Quienes ejercemos la medicina necesitamos ser meticulosos. Un error mínimo puede llevar a desastres monumentales.
En ese momento, Esteban estaba de pie, mientras Valentina permanecía sentada. Él era más alto, pero Valentina mantenía su delicada espalda completamente recta. Sus inteligentes ojos límpidos lo instruían con gravedad, como si lo estuviera regañando.
Esteban no podía creerlo.
¿Ella lo estaba educando?
¿Acaso pensaba que era su maestra?
¡Su único maestro