Valentina quedó paralizada. Abrió los ojos con sorpresa. Él había dejado embarazada a Aitana y aún así se atrevía a decirle algo así.
—¡Sinvergüenza! —le espetó Valentina, indignada y avergonzada.
Mateo la miraba desde arriba. Su largo cabello negro azabache se extendía desordenado sobre el sofá, y en su rostro pálido destacaban unos ojos claros que lo miraban fijamente. Se veía exactamente como en sus sueños.
En ese momento, todos sus recuerdos regresaron.
Mateo curvó sus finos labios.
—¿Por qu