Los ojos de Mateo estaban enrojecidos por el deseo.
Al escuchar las palabras de Valentina, se quedó inmóvil.
Levantó la mirada hacia ella.
Valentina señaló con los ojos hacia la puerta.
—Señor Figueroa, ahora tendrá que consolarla.
Mateo, siendo tan inteligente, comprendió todo al instante. Valentina no lo estaba provocando sinceramente; estaba actuando para Aitana.
El deseo en sus ojos se disipó, recuperando la claridad. La miró con frialdad.
—¡Bájate ahora mismo!
Valentina no se demoró y se ap