Valentina quedó tiesa, sin entender su intención.
¿No había comprado ese collar para Luciana?
¿Por qué le preguntaba si le gustaba?
¿Acaso había comprado dos, uno para Luciana y otro para ella?
Con su dinero, no sería imposible.
Ella encontró la situación graciosa. Sin importar su intención, ya no giraría a su alrededor ni se torturaría interpretando sus acciones. Aquella noche en la autopista había saldado su deuda; estaban a paz y salvo.
Guardó el teléfono sin responder.
En ese momento, salió