Daniela la levantó:
—Deja de dormir. ¿Dónde estuviste? ¿Por qué estás tan cansada?
Se frotó los ojos soñolientos:
—Quiero dormir un poco más.
—Nada de dormir, ¡anímate! Vamos, te llevo al bar.
Daniela la arrastró al bar, donde pronto encontraron caras conocidas en el reservado de lujo: Luciana, Joaquín, Mariana y otros herederos.
Joaquín, sentado en el sofá, comentó:
—Luciana, Mateo lleva dos días de viaje, vuelve esta noche, ¿no?
Desde aquella noche, Mateo se había ido de viaje, y ella no lo ha