—La receta medicinal de la abuela se ha perdido.
Ah, era eso.
—Espere un momento, se la escribo ahora mismo. —Tomó un lápiz y se inclinó sobre el papel.
Al agacharse, su camisola reveló sus generosas curvas.
El cuerpo de Mateo se puso tenso. Sabía que su figura era mucho más atractiva: tenía una cintura delgada que contrastaba con sus curvas superiores.
Todos los atributos naturales para seducir.
—¡Valentina! —Llamó con voz ronca.
Ella levantó la mirada, confundida:
—¿Qué pasa?
Realmente no era