Mateo extendió sus brazos, atrapando aquel cuerpo. Bajó su mirada y habló con disgusto: —Valentina, ¿por qué has vuelto?
Ella tampoco esperaba encontrarlo. Vestía un elegante traje negro, La costosa tela aún conservaba el frío de la calle.
Su cuerpo ardía y, por instinto, se pegó a él, intentando apagar el fuego que la consumía con su aroma maduro y penetrante. Sus ojos brillantes lo miraron: —Mateo, ayúdame... —Pero antes de que pudiera terminar la oración, él la apartó.
—¿Qué te sucede? —pr