Mirando la pantalla, finalmente recobró la razón. Estaba hecho un lío: la ropa medio mojada, marcas de besos por todo el cuerpo, la respiración agitada… Se había excitado. ¡Se había excitado por Valentina! No le gustaba ella; así que atribuyó todo a su condición de hombre, incapaz de resistir la tentación de una belleza así.
Enseguida contestó la llamada; sentía culpa hacia Luciana, una culpa que se traducía en ternura, ya que su voz era más suave de lo habitual: —Luciana.
Del otro lado sonaba